Crossover: Hombre Lobo & Demonio – Resumen del evento Bajo la Luna Roja

Ecos del pasado, cicatrices del Wyrm

Después de los sucesos en Pirque, la manada Ronin viajó hasta el Túmulo de la Serpiente del Cajón del Maipo. Allí fueron recibidos por Asesino-del-Wyrm, guardián del lugar. Tras dejar a los parentelas rescatados en una cabaña segura, los condujo a un anfiteatro natural para completar el ritual de aceptación tribal.

Durante el viaje onírico, el Philodox de la manada recibió visiones inquietantes… al igual que Arreame Diablo, uno de los tres alphas del túmulo. Pero no hubo tiempo para interpretarlas: gritos desgarradores surgieron desde la cabaña.

Al llegar, encontraron a un parentela poseído, convertido en una masa deforme y tentacular. Lo contuvieron, y los alphas asumieron el control de la situación. La manada fue enviada a descansar… pero no por mucho tiempo.

Regreso a Pirque

Esa misma tarde, un nuevo miembro se sumó a la manada, guiado por su instinto. Las instrucciones fueron claras: volver a Pirque y erradicar cualquier presencia restante del Wyrm.

Guiados por un espíritu canino, rastrearon la corrupción hasta un club de golf. Allí, detectaron dos focos. El primero era una invocación en curso, interrumpida por la llegada de otras entidades hostiles, pero inesperadamente también interesadas en detener el ritual.

Las tensiones casi estallan, hasta que la verdad emergió:

Aquellos cuatro “enemigos” eran espíritus antiguos encarnados en cuerpos humanos. Reconociendo la gravedad de lo que ocurría, se forjó una alianza momentánea.

La noche en que se abrió el infierno

Un día antes, una fiesta electrónica celebrada en un edificio en construcción en Pirque había terminado en pesadilla. Allí se había probado una droga infernal, diseñada por una entidad demoníaca llamada Elthariel, la desesperación encarnada, lo que hizo que el lugar fuera puesto en cuarentena por miembros de la Segunda Inquisición, una organización secreta que investiga fenómenos sobrenaturales.

Pero al día siguiente, cuando ocurrió el apagón nacional que afectó los sistemas de la Segunda Inquisición, Elthariel activó su plan:

Los sobrevivientes, infectados en secreto, se transformaron en monstruos caníbales y deformes.

En medio del caos, cuatro demonios escapados del Infierno despertaron en ese escenario, ocupando cuerpos humanos recientemente muertos. Recién llegados al mundo físico, confundidos y rodeados de ruinas, solo sabían que algo terrible había pasado.

Poco después, aparecieron dos demonios más: sirvientes del archiduque Abadon, quienes protegían a algunos humanos a cambio de su fe. Querían invocar a su señor para fundar un nuevo orden infernal en la Tierra.

Pactos en las ruinas

Elthariel contactó a los nuevos demonios, ofreciendo una alianza para “detener a Abadon”, y justificando así la masacre. En medio de la confusión moral, ambos bandos parecían igualmente peligrosos.

Fue en ese momento cuando llegó la manada de Garou, buscando a sus compañeros desaparecidos durante la fiesta que se celebró días antes, pero Elthariel había capturado a varios de ellos, con el fin de experimentar y replicar sus dones en sus monstruosos “hijos”.

A pesar del odio natural entre Garou y demonios, la urgencia del enemigo común forzó una tregua.

La batalla del club de golf

Juntos, la manada y los demonios enfrentaron un ritual de invocación custodiado por criaturas deformes, antiguos poseídos y horrores corruptos. La tierra tembló. Hubo explosiones de energía. El suelo se alzó. Los árboles se torcieron.

Los dos sirvientes de Abadon que habían sido responsables del ritual fueron eliminados, pero el conflicto no había terminado: Los infectados de Elthariel se fusionaron en una abominación colosal, un monstruo cuya furia parecía alimentada por la luna roja.

La batalla final fue brutal. Los antiguos demonios y los Garou sobrevivientes lo destruyeron, pero salieron heridos, agotados… y con más preguntas que respuestas.

El precio del silencio

La manada regresó al túmulo, dejando a los demonios atrás, y aunque habían visto de cerca a lo que se enfrentaban, aún no sabían si debían contar la verdad a sus alphas. ¿Cómo explicar la existencia de seres tan antiguos? ¿Cómo justificar la tregua con lo que debería ser el enemigo?

Los demonios, por su parte, observaban el cielo teñido de rojo, conscientes de que el Infierno no era el único que se había abierto esa noche.