Elthariel fue un Asharu de la segunda casa de la creación, un ángel de la casa del firmamento cuyo propósito era insuflar la chispa de la vida en la creación, así como restaurar las fuerzas y vitalidad con sus vientos curativos.
Como gran parte de los Asharu, se sentía bendecido de pertenecer a la casa más cercana a la humanidad al ser sus ángeles guardianes. Sin embargo, esta cercanía generaba contradicción al no poder revelarse a ella, una contradicción que con el paso del tiempo alimentó una gran frustración e impotencia.
Finalmente, cuando llegó la rebelión, Elthariel se unió al Lucero como una forma de mantenerse fiel a su rol como ángel guardián en los tiempos venideros. La visión de Ahmiral era real y los humanos necesitarían a todos los paladines posibles para su defensa.
Sin embargo, su gran amor se empezó a volver un tormento al ver los grandes dolores que la humanidad comenzaba a padecer debido a los castigos de Dios. Incapaz de sanar la mortalidad humana con sus poderes curativos, Elthariel comenzó una cruzada vengativa hacia las huestes celestiales, matando y devorando a sus hermanos como representación de su odio hacia su Padre debido a su excesiva crueldad.
Fue uno de los generales de Abadón en la Legión de Ébano, donde cultivó una fama de eficiencia y crueldad hacia los ángeles fieles a Dios.
Cuando la rebelión perdió y fueron encerrados en el Abismo, Elthariel comenzó a ser consumido por los horrores y la desesperación, al punto que en vez de luchar contra esta, empezó a aceptar su condena con una calma aterradora, convirtiendo su prisión en un laboratorio donde perfeccionó el arte de la enfermedad y la peste. Con el paso de los milenios, desarrolló un conocimiento profundo sobre la fragilidad del espíritu humano y demoníaco, siendo capaz de experimentar con este para desarrollar diversas enfermedades con las cuales contagiar su tormento y odio.
El ya corrupto Elthariel, conocido ahora como la Desesperación Encarnada debido a la modificación de su esencia por el castigo del Abismo, fue invocado por una familia Kalku mapuche en el sur de Chile, la misma que en siglos pasados había invocado a Zadkiel, el falso profeta. Zadkiel, en su búsqueda de redención, los atacó y destruyó todo registro que tenían de él. En represalia, la familia, sedienta de venganza, realizó un nuevo ritual y esta vez invocó a otro demonio: la Desesperación Encarnada. Desde entonces, la lucha entre Zadkiel y Elthariel se ha prolongado por siglos, enfrentándose en las sombras en una guerra entre la falsa redención y la condena absoluta.
Esta familia se transformó en el Culto de la Desesperación Encarnada, sirviéndole mientras este acumulaba poder para comenzar su experimentación con distintos virus creados en base al saber del firmamento, de la carne y de la peste.
Actualmente tiene un culto llamado “El Conclave de la Última Noche” dedicado al secuestro y trata de blancas que le consigue materia prima para sus crueles experimentos.
Así mismo, la Desesperación Encarnada cuenta con cinco Caídos como generales que protegen y guían el culto.
Uno de ellos es Luthara, una Rabisu de la carne, cuyo poder se centra en la corrupción del deseo y la manipulación de la voluntad a través del placer. Antaño una musa de la inspiración y el amor, ahora es un súcubo despiadado que usa su influencia para reclutar nuevas víctimas para los experimentos de su señor, tejiendo una red de perversión y control entre los poderosos y los desesperados.
Otro de los generales es Vaelith, un Perverso de los Patrones, cuyo inmenso cerebro pulsante le otorga una capacidad sin igual para manipular la causalidad y el destino. Vaelith no solo predice el futuro, sino que lo moldea a su conveniencia, convirtiéndose en el arquitecto de las desgracias que fortalecen a su señor. Cada decisión errónea, cada tragedia aparentemente fortuita, es en realidad una pieza dentro de su retorcido diseño. Su obsesión es perfeccionar su control sobre la realidad misma, asegurando que la desesperación sea el único resultado posible en cualquier línea de tiempo.
También se encuentra Azareth, un Diablo de las Llamas, un ángel negro cuyo único propósito es la destrucción absoluta. Su fuego maldito no solo consume carne y materia, sino que devora esperanzas y sueños, dejando solo cenizas de desesperación. Azareth cree que la única verdad en la existencia es la aniquilación, y su lealtad a la Desesperación Encarnada proviene de su convicción de que la desesperanza es la antesala de la destrucción total. Allí donde camina, la realidad misma se retuerce bajo el peso de su ardor corrupto.
Otro de los generales es Nalkareth, un Halaku de los Espíritus, conocido como la Parca de los Condenados. Nalkareth no es simplemente un emisario de la muerte, sino su encarnación más retorcida, manipulando las almas de los difuntos para que, en vez de seguir su camino a la otra vida, se unan a la desesperación eterna de su señor. Su lengua bífida de serpiente le permite seducir y engañar, convenciendo a los espíritus errantes de que su única salvación es sumergirse en la oscuridad sin fin. Su sombra se alarga sobre cementerios y campos de batalla, donde susurros de desesperanza arrastran a las almas al servicio del abismo.
El último de los generales es Tziraneth, un Corruptor de las Tormentas, un poderoso Leviatán que habita en las aguas más profundas y oscuras. Su misión es corromper la fuente misma de la vida, esparciendo la enfermedad y el tormento de su señor en cada río y océano. Donde Tziraneth nada, la vida se retuerce y muere, y las aguas se tornan un caldo de cultivo para sus infecciones infernales. Su cuerpo serpentino y su mirada insondable han arrastrado a civilizaciones enteras a la desesperación, y su rugido en medio de la tormenta anuncia el avance de la corrupción imparable.
Los jugadores que se enfrenten a la Desesperación Encarnada no podrán simplemente destruirlo con violencia. Su esencia no es física, y su influencia se filtra en las mentes y corazones de aquellos que lo desafían. La única manera de vencerlo es restaurar la esperanza en aquellos que ha marcado, enfrentarlo con la prueba de que la humanidad aún puede resistir.
Pero, ¿es posible vencer a la Desesperación cuando su esencia está entrelazada con la naturaleza misma de la existencia?