Vaelith, un perverso de la faz de los patrones, siempre se mantuvo distante de la humanidad. Su verdadera pasión residía en la predicción y control del futuro, una tarea en la que se entregó por completo para proteger a la creación en su totalidad de cualquier amenaza que pudiera surgir. Su dedicación era tal que fue reconocido como el “oráculo de Dios”, un ser capaz de leer el futuro con una precisión casi inhumana.

Sin embargo, todo cambió cuando Ahmiral tuvo la visión de la gran catástrofe. Vaelith, consumido por su deseo de obtener más detalles sobre este inminente desastre, comenzó a buscar respuestas. Pero Dios, al negarse a proporcionar más información, sembró en Vaelith un profundo terror y desconfianza hacia su propio padre. Fue entonces cuando, sin dudar, decidió seguir a Lucifer en la rebelión, convencido de que su futuro debía ser controlado y que Dios estaba cegado por su propio ego. Vaelith llegó a creer que la amenaza venía de algo más allá de la creación misma, y que incluso Dios, con todo su poder, no era capaz de ver el panorama completo.

La obsesión de Vaelith por la predicción del futuro alcanzó niveles delirantes cuando, al darse cuenta de que la caída de los rebeldes no era parte del plan de Dios, comprendió que incluso el Creador no podía controlar ni predecir todo. Esto lo sumió en un estado de desesperación y obsesión. La necesidad de entender y manipular el destino se convirtió en su único propósito, y la creencia en el efecto mariposa —la idea de que pequeñas acciones podían alterar el curso del universo— lo llevó a un nuevo nivel de obsesión.

Vaelith se unió a la Legión de Plata, convirtiéndose en uno de los miembros más prominentes de la Biblioteca Lunar de Asmodeo, donde dedicó su vida a estudiar la causalidad. Su comprensión profunda del destino lo convirtió en un experto manipulador de las leyes de la causalidad, guiando eventos a través de sutiles pero significativas intervenciones. Para él, la manipulación del futuro no solo era un arte, sino un medio para alcanzar el control absoluto.

Sin embargo, tras la derrota de la rebelión, la humillación de no haber podido evitar la caída lo consumió. Vaelith se dio cuenta de que la visión de Ahmiral, el futuro inquebrantable que se aproximaba, era incontrolable incluso para él. La derrota fue su gran fracaso, un recordatorio de que el destino no podía ser controlado por nadie, ni siquiera por él. Su obsesión por el conocimiento se intensificó, y juro nunca más ser incapaz de controlar la causalidad.

Vaelith fue liberado del Abismo por La Desesperación Encarnada, convirtiéndose en uno de sus generales. Desde entonces, ha usado su capacidad de ver el futuro para manipular los eventos a favor de su maestro. Sin embargo, está consciente de la corrupción absoluta de la Desesperación Encarnada y la ve como un medio para un fin. Vaelith sabe que su mayor ventaja es su capacidad para leer el destino, y por eso, manipula a su señor, guiando su odio y ambición para lograr sus propios objetivos. Su inteligencia es su mayor fuerza, y su visión del futuro lo convierte en un ser imponente y peligroso.

Vaelith es el más inteligente de los generales, aunque su obsesión con el control genera una atmósfera tensa entre él y los demás. Todos lo respetan por su conocimiento, pero su comportamiento distante y manipulador les genera repulsión. Nadie sabe realmente cuáles son sus verdaderos planes. Lo que sí saben es que nada escapa a su visión, y que siempre está consultando los astros para prever los movimientos de las leyes de la causalidad.
Actualmente, es quien maneja una vasta red de espías infiltrados en diversas posiciones de poder, asegurándose de que nunca pierda la delantera en cuanto a información. Vaelith no permite que el destino se le escape de las manos.