“Esto no es una escuela. Es una muralla. Y mientras yo esté vivo, no va a caerse. ¿Escuchaste mierda?.” — El Director
Nombre, rostro, cicatrices
Nadie conoce su nombre.
Algunos lo recuerdan de los días antiguos como Mr. Fox, el zorro. Pero ese apodo ya no se menciona aquí. En la EGA, él es el Director. Nada más. Y nada menos.
Quienes han cruzado palabra con él no lo olvidan. Quienes lo han visto de cerca, menos aún. Lo que desconcierta primero es lo joven que parece. Tiene la piel tersa, la postura de alguien que podría pasar por un alumno más. Algunos nuevos incluso le preguntan si está perdido, si es parte de algún curso. La ilusión dura poco.
Porque su cuerpo cuenta otra historia.
Está cubierto de cicatrices. Viejas, profundas, mal cerradas. Rostro, brazos, pecho, espalda. Marcas que no vienen de entrenamientos comunes ni de errores de novato. Son cicatrices de guerra. Las que uno solo gana sobreviviendo cuando no debía. Las que dejan los errores que mataron a otros.
No habla de ellas. No necesita. Las lleva puestas.
La leyenda se construye sola
Todos han oído una versión. Algunos dicen que está trastornado, que se lanza a la caza riendo, que desafía a monstruos sin chaleco, sin planes, con un martillo oxidado en la mano. Dicen que sobrevive por pura suerte, por porfíao o por estar tan roto que ya no le importa morir.
Otros juran que es un genio táctico, un manipulador con mirada de jugador de ajedrez. Que rara vez pelea porque no necesita hacerlo. Que si llegaste a enfrentarlo cara a cara, es porque ya perdiste y todavía no lo sabes.
Y hay quienes, sin decirlo en voz alta, lo ven como un padre. Uno extraño, sin gestos amables ni palabras suaves, pero que está presente. Que nunca se va. Que te mira cuando te quiebras y no se burla, sólo te entrena más duro.
Nadie sabe cuál versión es cierta. Quizás todas. Quizás ninguna.
Él no las corrige. Solo sigue trabajando.
Un origen que no se enseña
Antes de ser Director, fue hijo de un Cazador veterano y de una profesora amante de los cuentos. Perdió a su madre al nacer. A su padre, en medio de una masacre. Sobrevivió escondido, incapaz de ayudar, temblando mientras su mundo ardía sobre su cabeza. Aún era un niño cuando vio morir a quien le enseñó todo.
Después vinieron las calles. El abandono. La caza sin respaldo. Las misiones por encargo. Las trampas. La fama sucia. La leyenda de Mr. Fox.
Pero fue más tarde, cuando volvió a fallar, cuando alguien más murió en sus brazos, que todo cambió.
La niña que no logró salvar. La hermana que no era hermana, pero que lo era igual. El fuego.
Dicen que esa noche se rompió.
Dicen que esa noche decidió fundar la EGA.
No como redención. No como justicia. Como escudo. Como venganza contra un mundo que devora a los que no están listos. Como advertencia viva.
Nadie más debía morir como él murió por dentro.
“El fin del mundo no es un día. Es una idea. Y hay quienes nacen para pelear contra ella.” — Inscripción en el reverso del colgante del Director
La EGA y la gloria
La EGA no es una escuela tradicional. Es una muralla. Un refugio. Un campo de batalla para los que todavía no han tenido la oportunidad de pelear. Aquí no hay títulos. No hay diplomas. Hay entrenamiento, cicatrices, compañerismo y silencio. Aquí se aprende a resistir.
El Director no promete salvación. No ofrece finales felices. Solo da herramientas.
Y aunque no lo dice, quienes lo conocen de verdad saben que todavía cree en la gloria.
No en la fama, ni en la victoria, ni en la redención.
En la otra. En la que solo existe cuando peleas hasta el final.
Cuando caes con sentido.
Cuando mueres de pie.
Nunca exige que nadie lo crea con él.
Pero cuando enseña, cuando observa, cuando te corrige sin decir una palabra, se nota.
Él sigue creyendo.
Siempre presente
Nadie sabe si duerme. Siempre está. Cada arma reparada. Cada plan revisado. Cada nuevo alumno, su archivo marcado a mano. No aparece en las fotos. No figura en los registros oficiales. Pero todo pasa por él.
No da discursos. No felicita. No consuela.
Pero si decides quedarte…
Si decides pelear…
Va a entrenarte como si tu vida dependiera de ello.
Porque lo sabe.
Porque depende de ello.
“Quizás no vas a salvar al mundo. Pero cuando llegue el fin… vas a estar ahí para escupirle en la cara. Y eso basta.” — El Director