“El Sol nos obedece. La Noche, nos pertenece”
Antü

El Surgimiento de los Hijos del Alba

Fue en este contexto donde comenzó a adquirir notoriedad Sebastián Lagos, conocido posteriormente como Antü. Antiguo superviviente de experimentos Sabbat y ex colaborador periférico del desaparecido Frente Libertador Mercuriano, Antü observaba con creciente preocupación el deterioro de las condiciones de vida de numerosos Crepusculares que permanecían fuera de las principales redes de protección del Movimiento.

A diferencia de Emma Díaz, que apostaba por la cooperación política con los Anarquistas, Antü sostenía que la dependencia de estructuras ajenas terminaría reproduciendo inevitablemente las mismas formas de exclusión que históricamente habían afectado a los Sangres Débiles.

Con el tiempo comenzó a reunir a aquellos Crepusculares que se sentían abandonados por el Movimiento. Algunos habían perdido acceso a refugios seguros. Otros desconfiaban de las alianzas con los Barones. Muchos simplemente creían que las necesidades de las bases estaban siendo sacrificadas en favor de objetivos políticos más amplios.

A partir de estos grupos surgirían los Hijos del Alba. Lejos de constituir una organización de masas, los HDA funcionaban como una red cerrada y altamente disciplinada. Su principal símbolo fue la llamada Ash Dorada, una variante alquímica experimental desarrollada por Antü, capaz de permitir breves períodos de actividad bajo la luz solar a costa de importantes consecuencias físicas y psicológicas.

Mientras el Movimiento por la Inclusión reivindicaba la identidad Crepuscular como una vía de dignificación y convivencia dentro de la sociedad vampírica, los Hijos del Alba comenzaron a desarrollar una visión distinta. Para ellos, la meta no consistía en ser aceptados por otros vampiros, sino en trascender las limitaciones impuestas por la propia Maldición.

Lo que pocos sabían en aquel momento era que el crecimiento de los Hijos del Alba no estaba ocurriendo de forma completamente espontánea. Desde las sombras, Eddy “El Púrpura”, líder de los Custodios del Umbral y uno de los hombres de mayor confianza de Emma Díaz, mantenía contacto con Antü desde hacía meses. Tras consumir las cenizas residuales de Felipe García, Eddy había comenzado un lento proceso de radicalización ideológica.

Convencido de que el Movimiento se había vuelto dependiente de los Anarquistas y había abandonado la visión original de emancipación mercuriana, comenzó a compartir con Antü información sobre las debilidades, errores y contradicciones del MPI.

Sin proponérselo conscientemente, Emma Díaz había creado una identidad Crepuscular. Sin saberlo, Eddy comenzaba a preparar el retorno de una identidad mucho más antigua: la identidad Mercuriana.