Linaje: Sidhe de Otoño.

Título: 0 (Plebeya).

Casa: Abdicada Daireann.

Corte: Oscura.

Aspecto: Gruñon.

Historia del Personaje

Victoria Gutiérrez, también conocida como la Dama de Gris, fue farmacéutica y antigua baronesa de la casa Daireann. Antaño era una mujer que brillaba en la corte, disfrutando de los debates con sus pares y siendo partícipe de los juegos políticos. Era vista como un adversario y una figura prominente entre las hadas. Aquellos que la miraban, y más aún quienes la amaban, veían en ella unos ojos ardientes de pasión y anhelo; su mirada no reflejaba codicia ni ambición, sino un alma que ardía en la emoción de la política y el desafío. No fue hasta 1973 que todo cambió.

Con la caída del gobierno de Allende y el inicio de la dictadura, las hadas se enfrentaron a duras pruebas, siendo asediadas por la creciente oleada de banalidad y por los colmillos de las serpientes que intentaron hacerse con el poder.

Victoria luchó más allá de lo que muchas hadas habrían intentado. Vio a camaradas morir, hermanos sufrir el deshacer y plebeyos llorar por la pérdida de soñadores y familiares. Protegió a quienes estaban perdidos y cuidó a refugiados del régimen, pero cada acto de maldad y cada escena de dolor fueron gotas de agua que, una a una, apaciguaron la llama que en ella habitaba.

Tras tantas pérdidas y conflictos, llegado 1990, los Kithain celebraron el fin de años de terror y opresión. Pero para Victoria, las heridas de aquellos años fueron mucho más de lo que su alma podía soportar. Sus ojos, cansados y demacrados, habían perdido aquel fuego. Ahora su luz yacía tenue y ofuscada.

Cuando las hadas comenzaron a reorganizarse y el rey Iván instauró el orden entre la nobleza, Victoria, quien había dado todo fervientemente por los suyos, se presentó ante él al ser llamada. El rey le ofreció una recompensa por sus servicios: le concedería un deseo dentro de sus capacidades.

Para sorpresa y tristeza de muchos, Victoria pidió que le permitiesen abdicar su título. Con el permiso y la bendición del rey, se retiró para pasar sus últimos años como plebeya, pero, por encima de todo aquello, como una heroína para su gente.

Una nueva chispa

Los años siguientes fueron grises para Victoria. Los vientos del invierno no parecían retroceder, y la banalidad, que ya había calado en su alma, poco a poco le estaba dando un final seguro. Pese a la inevitable tragedia, podía descansar en paz, sabiendo que ya había cumplido su deber… o eso fue lo que llegó a creer.

Fue un día de primavera, en el año 1995, cuando las nieblas ya le hacían olvidar todas aquellas cosas que tanto amó, que ocurrió un milagro. El pequeño hijo de sus vecinos, con apenas seis años, rompió crisálida. Aquella explosión de Glamour despejó las nieblas que la reclamaban, dotándola de vida y sueños una vez más. Cuando acudió junto al pequeño, lo vio con lágrimas en los ojos y el miedo que solo un recién despertado podría sentir. Fue cuando sus ojos se encontraron, cuando ese pequeño la vio y, en su mirada, se reflejó la esperanza: la chispa perdida se encendió.

Tras ella, más Kithain llegaron: plebeyos que buscaban a un nuevo primo, tratando de proteger aquel milagro recién renacido. Aquellos plebeyos, cuando la vieron, al inicio pensaron que se trataba de una noble. La aclamaron, creyendo que habían vuelto por ellos, que ahora no tendrían que luchar solos contra la banalidad. Allí Victoria se enteró de la trágica realidad de la que había sido ignorante.

Tras todos esos años, los nobles y los plebeyos habían ensanchado sus grietas, dejando tan marcadas sus diferencias y estatus que muchos, como el grupo que había llegado con ella, eran ignorados y abandonados a su suerte.

Entre aquellas hadas, algunos habían sufrido a manos de los mismos nobles de los que ella alguna vez había formado parte. En un principio intentó regresar a la corte, exigiendo respuestas sobre el abandono de aquellas hadas, pero entre sus antiguos pares solo encontró desinterés y apatía.

Convencida de que nadie ayudaría a los plebeyos, Victoria tomó una decisión:
“Si nadie está dispuesto a dar el primer paso, entonces seré yo quien lo dé”.

Aquel día, un juramento fue pronunciado, y con una promesa recitada ante el mismo ensueño, las flamas de aquellos ojos apagados se encendieron una vez más.

Rosas Grises y Lirios Dorados

Varios años pasaron en una ardua e interminable lucha contra el invierno. La noticia de la ruptura del Edicto de Plata y la subsiguiente aparición de los Thallain solo logró agravar aún más la difícil situación que vivían las hadas plebeyas. Pese a todos los contratiempos, Victoria no se rindió y, en 2012, tras haber reunido varias cuadrillas y soñadores, instauraron el Frente Popular Plebeyo por la Conservación del Barrio (FREPOPCOB), ubicado en el sector de República, en el barrio Concha y Toro.

Junto a quienes la seguían en su lucha, lograron crear su primer y único bastión contra la banalidad: un hogar para quienes buscaran descanso y un símbolo de la unidad del pueblo: el feudo “Los Restauradores del Otoño”.

Así, codo a codo junto al FREPOPCOB, comenzaron a trabajar entre las organizaciones barriales de Concha y Toro, cuidando el patrimonio del lugar y restaurando viejas fachadas. De forma clandestina, intentarían fomentar la creación de nuevos espacios donde floreciera el Glamour.

Hoy en día, el Frente continúa su lucha por salvaguardar a los plebeyos perdidos y crear nuevos espacios donde todos puedan inspirar y ensoñar. Lo que solo los miembros más cercanos a Victoria saben es que, desde mediados de 2021, el Frente consiguió un inesperado y grato patrocinador: un nuevo y misterioso feudo que hizo una repentina e inadvertida aparición, ubicado en una tienda recién llegada llamada Nana’s Tea.