Historia

El Feudo nació de forma inesperada a comienzos de mayo de 2021, como una flor que brota sin aviso entre las piedras. Su aparición causó asombro y alegría entre la Buena Gente. Todo comenzó con la apertura de una pequeña tienda de té, Nana’s Tea, y, casi como si fuera parte del mismo hechizo, Salazar Graf Anderson —un sidhe arcadiano de la Casa Ailil— se convirtió de la noche a la mañana en uno de los nuevos regentes de la región.
La sorpresa no terminó allí: junto a él gobernaba también una sidhe de otoño, joven y brillante, llamada Shallan Rivera. Una plebeya. Para algunos, aquello fue una ofensa… para otros, un milagro largamente esperado.

Feudo en su version de otoño

Aunque muchos interpretaron el acontecimiento como una maniobra expansionista de la Casa Ailil, esta misma se vio después sorprendida cuando el feudo fue declarado territorio neutral. Pese a portar su estandarte, un segundo emblema ondeaba junto al primero: el de un dragón blanco, símbolo que no corresponde a ninguna casa noble registrada, ni presente en los anales del ensueño.

Para la comunidad feérica, el feudo se convirtió rápidamente en refugio y esperanza. Sus alimentos no solo llenan el estómago: despiertan sueños, inspiran y mantienen vivo el brillo interior. El precio por ellos varía, como varían los deseos de los corazones.

Y en ocasiones, solo para muy pocos, los regentes abren una puerta a un servicio del que no se habla en voz alta. Algo reservado. Algo secreto. Algo especial.

Feudo en su versión Onírica

El Sueño del Viajero

Acceso

Para subir las escaleras y cruzar el umbral superior, el visitante deberá llevar consigo dos flores: una nacida del otoño y otra del amanecer primaveral. Son la señal de que ambos regentes han hablado sin voz, de que la puerta interior se ha abierto.
Las flores aparecen al concluir el té, como si brotaran del aroma mismo. Este regalo solo ocurre cuando ambas voluntades lo consienten.
Y si los regentes están allí, son ellos quienes ofrecen el gesto con suave ceremonia.

El Feudo, mientras tanto, duerme escondido a simple vista. Los no invitados lo pasan por alto, como si fuese olvidado por el mundo de quienes no sueñan despiertos.

Lugares de Interes

El feudo consta de una gran mansión y amplios terrenos que la rodean, estos son.

Jardines donde se sirven alimentos los invitados

Piscina

El Sueño del Viajero

Una única ruta que lleva hacia una playa pequeña

Huerto

La mansión por su parte está compuesta por:

Un gran salón para eventos

Una cocina

Habitaciones para el ocio(juegos, música y Bar)

Una pequeña biblioteca

Un modesto taller

y 15 habitaciones para hospedaje. 

Reglas y Restricciones

Dentro del feudo trabajan los Sirvientes Quiméricos, custodios del orden y guardianes de la quietud. Sus manos mantienen la pureza del salón, la armonía de los jardines y el alimento de quienes moran o son invitados.
Mas todo pacto exige respeto: aquel que transgreda las leyes sagradas verá quebrada su comodidad, pues los sirvientes harán del descanso inquietud y de la estancia desdicha.

Promulgado bajo la mirada de los Regentes y custodiado por los Sirvientes Quiméricos

Sirvientes Quiméricos:

Habitantes Conocidos

Ademas de los regentes, Salazar y Shallan, hay constancia de otros siete Kithains y una Kinain que habitan el feudo. estos son:

Lady Lucia, Sidhe de otoño y asistente personal de Shallan.

Myriam Charbonneau, Una Boggan y recepcionista dentro del feudo.

Juliette Delafosse, Un Sidhe de otoño y segunda recepcionista dentro del feudo.

Andrea, una Sluagh

Arwen, un Sidhe de otoño y Nobel de Salazar

Jester, un Joven Satiro

Y Nixie, una pequeña Nokker

Caroline, Kinain Sidhe, hermana y asistente de Salazar

Además de los habitantes e invitados, es habitual ver quimeras paseando con total libertad por los senderos y jardines del feudo. Algunas llegan heridas o asustadas, rescatadas por Shallan; otras nacen de su imaginación y cariño, como pequeños milagros de sueño. Todas encuentran aquí cobijo, descanso y un lugar donde nadie las mira con miedo.

Las quimeras que deciden quedarse pueden convertirse en parte de la familia del feudo. Si los regentes lo aprueban, reciben un espacio y una tarea que no es una obligación, sino un gesto de pertenencia. Muchas se convierten en dulces guardianes o atentos vigías, pero cada una es valorada por lo que es y por lo que puede llegar a ser.

En este lugar, incluso los sueños mas humildes tienen un hogar.