“Los mortales se aferran al velo del bien, mas en cuanto la sangre canta, muestran su rostro verdadero: frágiles, hambrientos, deseosos de ser consumidos. La virtud no es más que miedo disfrazado.”
Vida Mortal
Emilia de la Garza Hermosilla nació en 1802 en el seno de una familia aristocrática chilena, profundamente católica y conservadora. Desde temprana edad manifestó una devoción religiosa absoluta, marcada por la obediencia, el sacrificio y una fe silenciosa pero inquebrantable.
A los diecisiete años ingresó a un convento, donde su serenidad espiritual y disciplina le valieron el respeto de sus hermanas y de los sacerdotes que guiaban la vida monástica. Todo indicaba que su destino sería el de una vida consagrada a Dios.
No lo fue.
Abrazo
En 1820, durante una noche de oración, Emilia fue visitada por Doménico, un antiguo vampiro del clan Lasombra. Fascinado por su fervor y su mente moldeable, la eligió para transmitirle los principios de la Senda de la Noche, una doctrina Sabbat que reinterpretaba el dogma religioso desde el pecado, la condenación y el castigo.
El Abrazo extinguió para siempre la certeza de la presencia divina. Doménico le enseñó que su nueva existencia no era una maldición, sino una misión: forzar a los mortales a enfrentar la oscuridad que habitaba en sus almas, como una prueba última impuesta por un Dios ausente.
La Senda de la Noche
Durante más de ochenta años, Emilia siguió la Senda de la Noche con convicción absoluta. Bajo un semblante sereno se ocultaba una predicadora del abismo, convencida de que la crueldad, la tentación y el sufrimiento eran herramientas legítimas para provocar el despertar espiritual.
Para Emilia, los actos más atroces no eran pecados, sino revelaciones. No se concebía como un monstruo, sino como un instrumento: guía de los condenados, tentadora de los virtuosos y castigo viviente para los arrogantes.
El Ritual del Alzamiento de la Sangre
A comienzos del siglo XX, Emilia y Doménico ejecutaron el Ritual de Alzamiento de la Sangre (Ritus Sanguinis Exaltatio), descrito en un antiguo pergamino Tremere extraviado durante la Guerra Civil Sabbat.
El ritual se llevó a cabo en un pequeño poblado profundamente creyente en las periferias de Santiago. Durante semanas, letanías arcaicas, sacrificios y sangre cargada de distintas resonancias erosionaron la psique colectiva de la comunidad, conduciéndola a la lujuria extrema, la violencia y el asesinato.
La culminación del ritual ocurrió bajo una luna roja. El pueblo entero sucumbió a un frenesí absoluto de sangre y deseo.
Entre los cuerpos, Emilia reconoció a Ana, una joven novicia del convento local a quien había protegido en secreto. Quebrada por las visiones y el silencio de Dios, Ana se arrojó desde el campanario de la iglesia. Emilia llegó segundos después y la encontró aún tibia, con el rostro sereno de quien huye del infierno.
Ese instante quebró definitivamente a Emilia.
Ruptura con la Senda de la Noche
La muerte de Ana destruyó la última noción de redención que Emilia conservaba. Comprendió que la humanidad no era caída ni trágica, sino inherentemente débil e indigna de perdón.
La Senda de la Noche dejó de tener sentido. Tras la destrucción de Doménico durante la purga Sabbat de mediados del siglo XX, Emilia abandonó toda estructura doctrinal y abrazó el nihilismo absoluto como única fe posible.
Durante décadas, Emilia operó desde las sombras en Santiago, refugiándose en la Iglesia del Niño Jesús de Praga, en el sector de Cal y Canto. Allí acumuló saberes prohibidos, sangres de resonancias específicas y fragmentos rituales, reconstruyendo una versión definitiva del Ritual de Alzamiento de la Sangre.
Su objetivo ya no era probar la oscuridad humana.
Era liberarla.
Caída y Muerte
En 2021, Emilia fue descubierta por un grupo de Sangres Débiles liderados por León Beltrán, quien percibió en ella un poder antiguo, denso y anómalo.
La noche del 24 de junio de 2021, durante un eclipse lunar, Emilia intentó culminar su obra definitiva mediante el sacrificio sistemático de mortales, artes profanas y el uso de sangres con resonancias excepcionales, con el fin de dar a luz al Hijo del Pecado.
El ritual fue interrumpido por León, su grupo y aliados Anarquistas. Durante el enfrentamiento final, Emilia fue destruida, reducida a cenizas antes de que el ritual alcanzara su punto irreversible. El Hijo del Pecado fue neutralizado antes de completar su manifestación.
Sin embargo, el colapso del ritual liberó una biomasa corrupta y un aura profana persistente que impregnaron la Iglesia del Niño Jesús de Praga. Las cenizas de Emilia permanecen dispersas en el lugar, mezcladas con los restos del altar y los cimientos profanados, actuando como un foco residual de corrupción sobrenatural.
Un incendio posterior destruyó la mayor parte de los pergaminos y registros rituales, borrando el origen exacto de los conocimientos utilizados.
A día de hoy, la corrupción no ha sido erradicada por completo. Ecos del ritual aún resuenan en la iglesia, y Cazadores continúan investigando la zona, conscientes de que las cenizas de Emilia y los residuos del ritual podrían seguir ejerciendo influencia sobre el lugar.