“La sangre no olvida. Si no la tratái con cuidao’, tarde o temprano te vendrá a buscar”

Historia Mortal:

Nació en los márgenes de Santiago, probablemente en una familia que lo abandonó joven.
Desde niño sobrevivió en la calle, vendiendo restos de medicamentos, comida vencida o
hierbas secas. A los 10 años fue acogido por Don Erasmo, un boticario excéntrico y casi
mítico del barrio Franklin, conocido por vender sucedáneos de medicina y pócimas
alteradas para quien no podía pagar farmacias reales.
Erasmo no tenía escrúpulos, pero sí intuición para detectar talento. El niño se volvió su
aprendiz: molía pastillas, disolvía ácidos, mezclaba gotas. Aprendió química callejera,
remedios ilegales, alquimia de pobres. Pero también fue testigo de clientes muertos, niños
con reacciones severas, y adictos alimentados por la desesperación.
Cuando Erasmo murió por una sobredosis de sus propias mezclas, el joven quedó solo…
pero con el conocimiento de un farmacéutico sin títulos. Comenzó a moverse por ferias
negras, vendiendo tónicos, sueros, a veces ayudando en abortos clandestinos o sobornos
médicos.

No-Vida

Abrazo:

En los años 90, mientras experimentaba con drogas sintéticas, fue abordado por una mujer
de voz suave y piel blanca como la harina. Le ofreció “comprar su sangre a cambio de una
vida sin enfermedad”.
El Abrazo ocurrió en un galpón olvidado de San Miguel. No tuvo mentoría ni advertencias.
Despertó solo, hambriento y enfermo, con el mundo cambiado para siempre. Su sire lo
abandonó a su suerte, dejándolo como un experimento fallido. Su vitae era débil, inestable.
Los clanes lo rechazaban. Nadie quiso explicarle qué era. Solo que era “insuficiente”.
Durante meses vagó, sobreviviendo como podía. Hasta que conoció a Felipe Díaz, quien lo
reclutó para el Movimiento por la Liberación Mercuriana.
Felipe vio en él talento químico, y lo invitó a colaborar con sus alquimistas, que estaban
refinando la Ash y otras drogas basadas en sangre. Pero pronto, El Mecha notó las
similitudes con Erasmo: experimentos sin ética, pruebas en vástagos sin consentimiento,
muerte tras muerte.
Cuando intentó huir del MLM con cuadernos llenos de anotaciones, los alquimistas lo
atraparon y le arrojaron una sustancia cuyo efecto fue inmediato: su cuello comenzó a
quemarse como si el sol lo tocara directamente. Logró escapar en estado crítico.

Unión al Movimiento por la Inclusión:

Apenas con fuerzas para mantenerse de pie, llegó a Quilicura, donde fue recogido por
miembros del Movimiento por la Inclusión. Emma Díaz lo escuchó antes de que colapsara
por el dolor.
Cuando despertó, Emma le dio un lugar no como víctima, sino como alguien con algo que
enseñar. Por primera vez en su no-vida, se le ofreció respeto.
El Mecha Corta reconstruyó su laboratorio desde cero. Usó sus conocimientos médicos,
botánicos y alquímicos para ayudar a los más inestables Sangre Débil a controlar su
hambre, su mutación y su desesperación. Fue él quien promovió el Código Ético del
Alquimista dentro del Movimiento.