Poco se sabe del verdadero origen de uno de los máximos representantes del clan de los demonios en la región del Gran Valparaíso. Sin embargo, resulta inquietante la manera en que ha borrado todo rastro de su máscara mortal. No lo ha hecho por vergüenza, sino porque persigue algo que va más allá del arraigo a esta tierra maldita.

Desde la época de la colonia, los rincones del barrio Echaurren han sido escenario de lo más oscuro e inmoral que el ser humano puede concebir. Estibadores del puerto, agotados y hastiados, gastaban sus últimos pesos en bares sórdidos; marineros extranjeros daban rienda suelta a sus más bajos instintos en burdeles del barrio rojo; el mercado negro y el tráfico de esclavos operaban sin freno. Todo ello, en las entrañas de Echaurren. Pero entre las sombras de ese infierno urbano, lo que más fascinaba a los viciosos eran las peleas de bestias que se disputaban en las catacumbas del puerto.

Desde gallos hasta perros, la ferocidad de las criaturas llenaba de excitación a aquellos seres deformados por la sed de violencia sin culpa. Entre ellos, un joven cuidaba a las bestias. Las alimentaba, las curaba, y las preparaba para los combates. Ese domador poseía conexiones con los círculos más oscuros del submundo. Fue así como atrajo la atención de la Espada de Caín, quienes no dudaron en ponerlo a prueba.

Fue abrazado durante uno de los primeros asaltos del Sabbat. En los ritos oscuros, demostró una voluntad férrea, ganándose un lugar entre aquellos que veía como salvadores. Porque este ex mortal no solo soñaba con la inmortalidad, sino con la superación. Su grito de gloria se entrelazaba con el rugido de su bestia interior.

“En las guerras Sabbat, Andrei tuvo directo enfrentamiento con el clan Nosferatu”

Los ataques del Sabbat a Valparaíso continuaron, pero en 1833 la ciudad dejó de pertenecerles. Andrei, el joven domador, continuó operando en las sombras, siguiendo las enseñanzas de su maestro, oculto en los fundos de Casablanca. Allí, junto a los Bratovych, criaba bestias salvajes. Su maestro, de quien pocos registros sobreviven, seguía la Senda de la Metamorfosis, y bajo su tutela, Andrei perfeccionó su dominio sobre la voluntad y la carne.

En 1929, cuando la Camarilla finalmente cayó, Andrei alcanzó el título de sacerdote Sabbat. Su conocimiento de los misterios de Caín era vasto, y su odio por la opulencia y la segregación de la Camarilla, profundo. Era un odio devoto. Si las infames Escrituras Oscuras lo ordenaban, él las seguía con fanática fe.

Después de ese punto, los registros sobre él son escasos. Sin embargo, según las crónicas del Señor Silva, Andrei selló un pacto secreto con el Barón Dubois en 2008, permitiendo la migración de las últimas células Sabbat en la región. Aquello fue documentado el 13 de mayo, antes de que su nombre figurara en la lista roja trazada por De la Rocha.

El 2018 arriba al puerto de Valparaíso en medio de la crisis de la “revuelta de los agradecidos”

El 9 de julio de 2018, un barco industrial recaló en el puerto de San Antonio, y los reportes de extraños sucesos y accidentes entre los estibadores del lugar comenzaron a aparecer. Una cuadrilla del movimiento anarquista realizó una incursión al barco y encontró a Andrei. Estaba dispuesto a colaborar con los anarquistas, deseoso de reunirse con las baronías locales. Sin embargo, las circunstancias dieron un giro inesperado cuando, semanas después, Emile Dubois lo anunció como el nuevo Barón del Barrio Puerto. Esta declaración desató conflictos con el Ministerio y la administración de la bohemia porteña, pues atentaba contra sus intereses. Pero Andrei no prestó atención a esas disputas menores.

Sobrevivió al colapso del Sabbat y al desmoronamiento de sus ideales. Vio cómo la Espada de Caín se debilitaba y sus sueños se convertían en cenizas. Ya no queda ningún ideal que salvar, salvo uno mismo. La verdadera salvación reside en la transformación interior, en el conocimiento profundo de la propia bestia. Por eso fundó su propio culto: “La Espiral de la Sangre.”

A pesar de su rango y compromiso con los anarquistas, Andrei sigue los caminos sangrientos de su propia senda y busca llevar a más Vastagos a su causa

Hoy, Andrei mantiene sus contactos a través de los sindicatos del puerto. Se reúne en edificios abandonados y observa con cautela los acontecimientos del Gran Valparaíso, esperando el momento de actuar, mientras su culto crece en las sombras.