En el año de 1557, la llegada de María de la Gracia, una destacada figura del clan Tzimisce, a Santiago de Chile, marca el inicio de una era de intrigas y poder oscuro, asumiendo el importante papel de obispo en una ciudad que pronto se vería envuelta en las sombras de la política vampírica. Su presencia trae consigo a los primeros miembros del clan Tremere, quienes, a pesar de la desconfianza inicial de los Sabbat locales hacia estos misteriosos hechiceros, logran ganarse un lugar en la comunidad al desarrollar un elixir que purifica el rebaño, permitiendo a los vampiros alimentarse de humanos afectados por la viruela sin correr riesgos.
Santiago Rueda emerge como la primera gran figura Tremere en esta tierra, cruzando el Atlántico desde España para asistir a diversas criaturas en su lucha contra un demonio cuyo nombre ha quedado en el olvido. Los Tremere antitribu, gracias a sus esfuerzos y logros, se ganan un derecho de asentamiento, estableciendo una pequeña capilla cerca del centro de Santiago, con Rueda como su regente, cimentando así su presencia y poder en la región.
A medida que el siglo XIX avanza y el Sabbat fortalece su dominio sobre Santiago, se intensifican las tensiones entre los vampiros antiguos y los neófitos locales. Esta división se convierte en la chispa que enciende la mecha de una guerra civil dentro del Sabbat, en la cual los Tremere, astutos y calculadores, juegan ambos bandos, buscando siempre posicionarse al lado del ganador. Su habilidad para infiltrarse y obtener información de ambos frentes los convierte en consejeros indispensables, especialmente después de que Renato Ercilla, un Lasombra, traiciona y asesina a María de la Gracia, tomando el título de Arzobispo para sí.
Para 1851, los Tremere se vuelven cruciales en la derrota de una rebelión Sabbat, empleando información secreta suministrada por una facción infernalista oculta, liderada por Ethyr D’vant (lo cual fue secreto para el regente Rueda en ese tiempo). Este triunfo no solo consolida el poder de Renato como Arzobispo sino que también reafirma la posición estratégica de los Tremere en la jerarquía vampírica de Santiago.
Sin embargo, la tranquilidad es efímera. Las fuerzas de la Camarilla, lideradas por el Ventrue Frederick Müller, lanzan un feroz ataque contra el Sabbat santiaguino. La ausencia intermitente de Santiago Rueda (Algunos culpan que su vejez lo llamaba al letargo) y la falta de liderazgo dejan a los Tremere del Sabbat en desventaja frente a los numerosos y organizados Tremere de la Camarilla. La situación llega a un punto crítico en 1860 con la desaparición de Rueda y la ascensión de Fernanda Castillo como regente, cuyo mandato se ve rápidamente eclipsado por la superioridad táctica y mágica de Anthony Klein, líder de la Camarilla.
En un giro inesperado, los Tremere del Sabbat recurren a estratagemas audaces. Fernanda recolecta la información y libros infernalistas y se asegura que Klein los reciba. Ella sabia que Anthony no podría perder la oportunidad de poder. Aunque su plan no rinde frutos inmediatos, eventualmente contribuirá a la caída de Klein. Sin embargo, el clan no vio lo mismo a largo plazo y se le fue atribuidad la ineficacia del clan a su liderazgo, llevando a Renato Ercilla a retirar su apoyo del clan y al asesinato de Castillo a manos de su propio chiquillo, Andrés de Castilla, quien tambien se transformó en el siguiente lider del clan.
En 1947, Santiago se convierte en el escenario de una intensa lucha de poder entre los Tremere, que buscan extender su influencia a la recién fundada Universidad Técnica del Estado. Esta institución, clave para el desarrollo y la modernización de la región, atrae la atención de los Tremere, quienes ven en ella una oportunidad de oro para moldear el futuro tecnológico y académico según sus propios intereses oscuros y esotéricos. La batalla por la universidad no es solo un conflicto por el control de una institución educativa, sino una manifestación de la lucha más amplia por el poder y la influencia en el tejido social y político de Santiago.
Este periodo también señala un momento de consolidación para la capilla de la Camarilla en Santiago, especialmente con el ascenso de Augustus Fritz al cargo de sheriff. Fritz, conocido por su lealtad y eficacia, se convierte en la mano derecha de Anthony, fortaleciendo la posición de la Camarilla en la ciudad. Su nombramiento es un testimonio del poder y la organización de la Camarilla, y simboliza el control cada vez mayor del clan sobre los asuntos vampíricos y mortales de Santiago.
En 1973, la capilla Tremere de Santiago sufre un golpe devastador cuando es saqueada y quemada, un evento que se convierte en un punto de inflexión para el clan en la ciudad. Este ataque no solo simboliza un desafío directo a la presencia y autoridad de los Tremere en Santiago, sino que también desencadena una serie de repercusiones a largo plazo para el clan y la comunidad vampírica en general.
Andrés de Castilla, emergiendo victorioso del conflicto, se asegura una vasta cantidad de artefactos y conocimientos perdidos en la capilla, lo que eleva su estatus y lo posiciona como consejero personal del Arzobispo Mateo. Este ascenso de Andrés señala una reconfiguración significativa en las dinámicas de poder dentro del Sabbat y entre los clanes vampíricos, subrayando la volatilidad de las alianzas y la constante lucha por la supremacía.
Mientras tanto, Anthony y Augustus, sumidos en la clandestinidad, se sumergen en el estudio de textos oscuros y prohibidos, buscando en los secretos de Ethyr y el demonio Antumael las claves para futuras victorias y el fortalecimiento de su clan. Esta búsqueda de poder arcano refleja la determinación de los Tremere de recuperar su posición y su influencia, incluso desde las sombras.
La destrucción de la capilla y los eventos subsiguientes en 1973 abren un período de incertidumbre y reestructuración, no solo para los Tremere sino para toda la jerarquía vampírica de Santiago. Las décadas siguientes, hasta los años 90, están marcadas por esta atmósfera de tensión y reajuste, con las influencias externas, como la intervención de la capilla de Bolivia y las señales de la Gehena, añadiendo capas adicionales de complejidad al panorama sobrenatural de la ciudad.
A medida que los años 90 avanzaban, Santiago se vio sacudida por una serie de ataques físicos y económicos sin precedentes, dirigidos principalmente contra las empresas controladas por el clan Lasombra. Estos ataques, tanto en el ámbito financiero como en confrontaciones directas, comenzaron a socavar significativamente la estabilidad y el control del Sabbat en la región. La infiltración y el avance territorial de cuadrillas opuestas dentro de Santiago pusieron de manifiesto la disminución del poder del Sabbat, que veía cómo se desmoronaban sus bases de influencia y poder.
En este contexto de crisis, el Arzobispo Renato, enfrentado a la creciente presión y al declive de su autoridad, optó por retirarse de Santiago, alegando su participación en una “verdadera pelea” más significativa. Esta acción fue interpretada por muchos, tanto aliados como enemigos, como una huida cobarde ante la adversidad, lo que solo sirvió para agravar la situación de liderazgo ya tambaleante del Sabbat.
Andrés de Castilla asumió el mando en medio de este caos, pero su liderazgo resultó ser efímero. A pesar de sus esfuerzos por reorganizar y fortalecer el Sabbat, su reinado fue breve y marcado por constantes desafíos. La situación llegó a un punto crítico en 1998, cuando, en un evento tan dramático como inexplicable, todos los Tremere antitribu en Santiago desaparecieron en lo que se describiría como una “combustión automática” masiva. Este fenómeno no solo dejó un vacío en las filas del Sabbat, sino que también sumió al clan Tremere y a la comunidad vampírica en general en un profundo misterio y especulación sobre las causas y las implicaciones de tal desaparición.
En este tumulto, Anthony Klein aprovecha para asumir el liderazgo y trasladar la capilla a la Universidad Adolfo Ibáñez. Con Klein al mando, el clan Tremere experimenta un renacimiento, influenciando la academia y la estructura social desde su nuevo bastión. Sin embargo, la llegada de los Banu Haqim en torno al 2012 amenaza su posición, llevando a Klein a iniciar una campaña de desprestigio contra este nuevo clan. Pero, de manera inesperada, la conexión de sangre que unía a los Tremere se desvanece, provocando una profunda escisión dentro del clan. Muchos desertan y se unen a la capilla Epsisimus, liderada por Rebbeca Santos, una antigua seguidora de la Casa Carna y exmiembro de la Camarilla. Esta división interna, sumada al ataque de la Segunda Inquisición al príncipe toreador Alejandro Sanchez, debilita considerablemente al clan.
En un giro dramático, Klein, en un intento desesperado por consolidar su poder, revela su inclinación hacia el infernalismo. Este acto conduce a su detención y desaparición, dejando al clan manchado por sus acciones y sumido en una crisis de liderazgo. Adolf Bratovich toma las riendas en un esfuerzo por restaurar la imagen del clan, sucediendo a Klein y a su infame sucesor, también acusado de infernalismo. Bajo el mando de Bratovich, la capilla se relocaliza en la Iglesia de los Dominicos, buscando un nuevo comienzo y la oportunidad de redimirse ante los ojos de la sociedad vampírica y recuperar la gloria perdida.
La historia de los Tremere en Santiago es una saga de ascensos y caídas, marcada por la astucia, la ambición y la traición. Desde su llegada en el siglo XVI hasta los desafíos modernos, han sido jugadores clave en la política nocturna, navegando por las turbulentas aguas de las alianzas vampíricas y enfrentando tanto a enemigos externos como a demonios internos. Ahora, al borde de un nuevo capítulo, el clan Tremere se encuentra en un punto crítico, luchando no solo por el poder, sino también por la redención y la supervivencia en un mundo que cambia rápidamente.