Quince a veinte niños entran en coma simultáneamente en el Hospital Regional de Iquique.
No hay causa médica verificable, los síntomas son idénticos y el intervalo entre ingresos es demasiado estrecho para ser casualidad.


El personal recuerda luces parpadeando, fallas eléctricas y un silencio anómalo en el ala pediátrica justo antes del colapso.