En Valparaíso hay muchos nombres que se mencionan con respeto, algunos con miedo y otros con abierta rivalidad. El de Dedrik Nachtgold, sin embargo, suele aparecer en conversaciones más discretas. No es un nombre que se grite en una corte ni en un Elysium; es uno que se menciona en voz baja cuando alguien necesita resolver un problema complicado.

La mayoría de quienes han oído hablar de él lo describen de forma similar: un hombre elegante, de modales tranquilos y mirada calculadora, que parece escuchar mucho más de lo que habla. No es especialmente ostentoso ni busca protagonismo en la política feérica o vampírica del puerto. De hecho, muchos dicen que ese es precisamente el motivo por el que resulta tan difícil ignorarlo.

Dedrik dirige Haus Nachtgold, una casa conocida por algo muy simple: favores. Cuando alguien necesita dinero que no puede justificar, acceso a una reliquia difícil de conseguir, o un intermediario capaz de negociar entre facciones que preferirían no verse cara a cara, los Nachtgold suelen aparecer en la conversación tarde o temprano.

Pero también existe otra parte de la historia que se repite con cierta inquietud.

Se dice que Dedrik nunca olvida un acuerdo.

No exige pagos inmediatos, no amenaza, ni presiona a sus deudores de forma visible. En cambio, simplemente registra cada favor, cada promesa y cada compromiso en un sistema de cuentas que solo él parece comprender por completo.

La mayoría de las veces, las deudas permanecen dormidas durante años.

Hasta que un día, cuando menos se espera, Dedrik aparece con una solicitud perfectamente razonable… y una memoria impecable de lo que se le debe.

Por eso, entre changelings, vampiros y otros habitantes de la noche del puerto, circula una advertencia que muchos repiten medio en broma, medio en serio:

“Puedes tratar con Nachtgold si quieres…
solo asegúrate de recordar exactamente qué prometiste.”