“No aún”
Vida Mortal
Margarita Alfaro nació en el seno de una familia aristocrática chilena durante la primera mitad del siglo XX. Desde temprana edad padeció una enfermedad degenerativa de origen incierto, caracterizada por dolor físico constante y deterioro progresivo. La afección terminó por arrebatarle la vista en su adolescencia.
La ceguera no limitó su desarrollo intelectual. Estudió humanidades, filosofía y bellas artes con dedicación rigurosa. Su memoria, sensibilidad estética y capacidad intuitiva la convirtieron en una figura singular dentro de los círculos culturales a los que tenía acceso por apellido y formación.
Su enfermedad avanzaba sin remedio. La muerte era cuestión de tiempo.
Miembros del Clan Toreador habían manifestado interés en preservarla mediante el Abrazo. No alcanzaron a hacerlo.
El Abrazo
Fue un aristócrata del Clan Malkavian, excéntrico y oportunista, quien se adelantó. Percibió en Margarita no solo talento o belleza, sino una intuición excepcional que consideró demasiado valiosa para perderse.
La abrazó sin acuerdo formal, generando tensiones dentro de la Camarilla y una deuda con los Toreador que nunca fue saldada. Su sire desaparecería tiempo después en circunstancias jamás discutidas abiertamente.
El Abrazo no curó su ceguera.
Tampoco alivió su sufrimiento.
La enfermedad se detuvo, pero el dolor del instante de la transformación quedó anclado en su no-vida. Cada vez que una visión se manifiesta, La Oráculo revive el dolor de aquella noche, como si muriera nuevamente.
Servicio a la Camarilla
Durante años, La Oráculo fue utilizada dentro de círculos Malkavian vinculados a la Camarilla. No ocupó cargos formales ni participó en política abierta; su función era más sutil y más peligrosa.
Sus intuiciones eran consultadas en privado. Sus comentarios eran tratados como advertencias veladas. Su silencio generaba más inquietud que cualquier declaración explícita.
La verdadera peligrosidad de La Oráculo no residía en lo que sabía, sino en aquello que podía intuir.
Cuando sus visiones comenzaron a manifestarse como nodos concretos —lugares, personas, momentos donde algo sucedería— la Camarilla comprendió que su valor superaba el de cualquier secreto específico.
Perderla no significaría perder información.
Significaría perder anticipación.
La huida
La Oráculo no se retiró de la Camarilla.
Escapó.
A medida que sus visiones se intensificaban y su instrumentalización se hacía más evidente, la tensión interna creció. Comprendió que su don no era considerado un misterio a proteger, sino un recurso a explotar.
Fue entonces cuando tuvo la visión del Peregrino.
Modeló una figura distinta a todas las anteriores: un caminante erguido, sin rostro, completamente intacto. Por primera vez desde su Abrazo, el dolor fue menor.
En el plano onírico apareció el Peregrino. No le ofreció poder ni exigió obediencia. Solo caminó.
La Oráculo lo siguió.
Su desaparición fue ejecutada con precisión. Las redes de Nariz se encargaron de borrar rastros, alterar registros y construir la narrativa adecuada. La Camarilla perdió su rastro por completo.
Hasta el día de hoy, dentro de ciertos círculos, Margarita Alfaro es considerada oficialmente muerta.
Unión al Inconnu
La Oráculo reside actualmente en el refugio de Pirque como huésped de Emmanuel. No es prisionera ni subordinada. Permanece allí por elección propia.
Emmanuel vela por su seguridad y sustento. La Camarilla continúa buscándola sin éxito.
La Oráculo prefiere el letargo prolongado. Las visiones le provocan el mismo dolor que experimentó durante su Abrazo, por lo que suele permitir que estas se manifiesten en las últimas horas antes de sumergirse nuevamente en el sueño.
Gran parte de su tiempo lo transita en el dominio onírico del Peregrino.
Despierta para modelar.
Luego vuelve al silencio.