Muchos conocen el mito de Catalina de los Rios y Lisperberg, mejor conocida como la Quintrala, y sus supuestos pactos con el diablo, pero poco se habla de la historia oculta de su familia, los Lisperberg, quienes se habían vuelto en ese entonces un clan de cazadores de monstruos con la ayuda de la Sociedad de Leopoldo. Según los pocos registros que todavía quedan en algunas bibliotecas arcanas, en sus cacerías recolectaron y desarrollaron todo tipo de artilugios y armas con las cuales neutralizar a sus objetivos. Entre ellos se cuenta la historia de un talismán capaz de debilitar a los vampiros que se exponían a su presencia, volviendo vulnerable hasta al más antiguo entre ellos.